Allá en septiembre del 2003, una joven, inexperta pero muy ilusionada maestra más, entraba por primera vez en un aula. Desde entonces ha llovido mucho, pero el tiempo, lejos de quitarme la ilusión, me ha hecho crecer no sólo como persona sino también como docente. Entre las mejoras sustanciales que me veo respecto a hace ya 15 años son:
- Control del grupo: Aunque todavía me queda por mejorar, es cierto que cada año me siento más segura de frente a cualquier grupo sea mi tutoría o en otro aula.
- Adaptabilidad: Cuando hay una situación inesperada, al principio me costaba hacerle frente, sin embargo ahora, improviso lo que sea con facilidad.
- Seguridad en mí misma con familias, compañeras y compañeros... con el tiempo he ido perdiendo la timidez que tan malos ratos me hizo pasar.
- Implementar estrategias en las que los niños sean los protagonistas de su aprendizaje: aunque con el tiempo lo haré más, todavía tengo mucho que aprender.
Habrá muchas otras, pero para mí están son las más sigmificativas, las que me han ayudado a superar el día a día en el aula.
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